UN HABITANTE, UN ÁRBOL

Inserto en diario La Tercera Concepción el pasado domingo 27 de julio, artículo de Gino Schiappacasse

Desde que se hizo más consciente la crisis del planeta por la creciente alteración atmosférica llamada Calentamiento Global con múltiples trastornos para la existencia del mundo orgánico, la preservación del paisaje ha cobrado tal fuerza, que ha revolucionado las prioridades de su intervención. El fondo figura se ha invertido. Si antes el paisaje natural se supeditaba a las intervenciones artificiales, con gran permisividad, hoy ocurre lo contrario. El cambio es tan radical, que la mirada ya nunca podrá ser la misma. Lo viviente esta amenazado.

Todos sabemos que pecar no cuesta nada, pero redimirse, es un largo camino, por lo que el descuido de nuestro espacio natural ha significado, ver impotente, como el paisaje también ha sido depredado, sistematicamente, lo que ha significado, tener una conciencia muy ennegrecida por las responsabilidades acumuladas, que nadie puede eludir. Hoy, la acumulación de ese capital negativo, hay que empezar a pagarlo, entre todos.
Esta actitud, un tanto culpógena, sobre todo, en quienes tienen mas conciencia de las consecuencias, ha llevado a muchos a hacer algo para revertir este proceso con acciones colectivas, aunque se vean como paliativos insignificantes.
La necesidad de provocar estas microiniciativas sumadas, por parte de un grupo local se ha materializado en la campaña “Plantemos un árbol y cambiemos el planeta”, en donde la acción “un habitante un árbol” nos invita a sumarse el día 27 de septiembre de 2008 (http://reforestandoconcepcion.wordpress.com/).
La necesidad de aportar a la recuperación del planeta, y disminuir el efecto del calentamiento, aun en nuestro propio territorio, catalogado como región forestal, pareciera redundante pero no lo es: la clorofila no abunda en ninguna parte.
Habiendo tenido tanta foresta nativa, indudablemente que hemos rebajado su calidad, disminuyendo su capacidad de reoxigenación por el proceso de clorofilación, en la cual el recambio artificial ha hecho su parte, pero que todos de alguna manera también hemos contribuido a intoxicar.
Que la monotonía suplante la variedad nativa, por tanta homogeneidad silvícola o que la composición del suelo pierda su nutrición o que la humedad no se retenga, pareciera sin importancia al lado del aumento de la acidez del aire o el dispersar dióxido de carbono, pero también, cada acto de omisión va sumando.
Enfatizar del proverbio “el plantar un árbol” para que podamos también “tener un hijo y escribir un libro”, es solo la punta del iceberg del drama, pero en cuanto a nuestra penitencia a pagar, parece un alivio, cumplir un mandato simple y natural.

Gino Schiappacasse

~ por pablo meza torres A.K.A. - mezato - en Julio 29, 2008.

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